Como parte de la vorágine que significó el ataque violento al Congreso de San Luis Potosí para sabotear los trabajos legislativos, ayer fui blanco de ofensas y calumnias por parte del operador de contenido digital Omar Niño, quien no únicamente se asume como inquisidor para juzgar mi labor periodística, sino que repta con ofensas vulgares y de la peor calaña.
Omar, a diferencia de ti yo no he sido corrido de ningún medio de comunicación por vender la línea editorial; nunca he pisado la cárcel, ni siquiera en barandilla; no soy deudor alimentario; nunca he sido acusado de violencia política en razón de género; no soy misógino; jamás en el uso de mi profesión u oficio me he expuesto ante la audiencia ebrio o ingiriendo bebidas alcohólicas; jamás me he rentado como sicario o testaferro de medios; nunca he contratado vándalos para que se embriaguen y consuman sustancias ilícitas para que me preparen un escenario arrebatado con violencia para luego utilizarlo como bailarina exótica y autoasignarme un “Don” del que no soy merecedor.
Sobre mi talla baja te digo que estoy orgulloso de mi familia, la genética que heredé y los valores que me inculcaron, lo que me hace ser un chaparrito, sí, pero no un enano mental, pues mi trabajo lo realizo con la frente en alto, profesionalismo y altura de miras, aunque te incomode.
No confundas ni mientas como es tu costumbre Omar. Desde hace un año, luego que fui víctima de un despido injustificado en el Ayuntamiento de la capital, fui contratado por la empresa editorial a la que estoy agradecido y soy leal y le brindo mi experiencia y honestidad. Jamás he permitido la imposición de línea editorial y lo que expreso lo hago en completa y absoluta libertad, basándome en principios profesionales, en información confirmada y no en defecaciones al servicio de un proyecto político o personal. Quizá mi salario sea poco, pero soy eso, asalariado, no necesito unirme a estercoleros digitales para ganarme unos pesos más.
No soy proclive a victimizarme para ganar adeptos, pese a que en mi trayectoria de más de 30 años en el periodismo he sido perseguido por la delincuencia organizada, separado de mi familia en estatus de desplazado y escondiéndome en al menos tres estados, de ello existe la prueba documentada en la fundación “Rory Peck” de Inglaterra donde me ofrecieron asilo como refugiado, así como por la organización defensora de los derechos de los periodistas “Artículo 19” a la que ahora tú engañas. He sido objeto de persecución y ataques con granjas digitales por parte del régimen estatal actual. Jamás he atacado a mis compañeros y compañeras de oficio o de profesión ni he vertido inquina alguna para provocar la desunión o fomentar el periodismo militante, de lo cual tú eres un especialista, debo reconocerlo.
No me atormenta la amargura ni la frustración como a ti, que los fantasmas del pasado te hacen infeliz, como tu frustrado paso en la administración municipal de Ricardo Gallardo Juárez, a quien no le perdonas haberte cercenado un jugoso salario de más de 50 mil pesos mensuales debido a tus torpezas e intrigas palaciegas.
De mi únicamente puedes recurrir a mi aspecto físico y la empresa para que trabajo actualmente. No tienes más argumentos para expresar la envidia que te corroe.





